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24/5/09

Norman Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes


La concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, como un galardón que reconoce la contribución relevante al patrimonio cultural de la humanidad, a Norman Foster enfatiza una vez más la trascendencia de su obra arquitectónica, que ha hecho de su nombre una presencia absolutamente ineludible dentro de las líneas fundamentales de la historia de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX y de la era global de comienzos del siglo XXI.
Nacido en 1935, Norman Foster se formó en arquitectura y urbanismo en la Universidad de Manchester, ampliando posteriormente su educación en la Universidad de Yale (EE.UU). Su biografía arquitectónica se prolonga ya en más de cuatro décadas, desde que en 1963 fundara junto a su entonces esposa Wendy Cheesman y Su y Richard Rogers el equipo TEAM 4. Una asociación que se prolongaría hasta 1967, y tras la cual Foster fundaría su propio despacho, Foster + Partners, una firma que actualmente emplea a más de un millar de empleados en todo el mundo, y en el que a lo largo de las últimas tres décadas se han diseñado muchos de los edificios en los que se han encarnado las ambiciones tecnológicas y expresiones de las ideologías políticas y económicas de nuestro tiempo.
Representante crucial de la corriente high-tech, durante la década de fines de los años 70 y década de los 80, Foster fundó su arquitectura en un planteamiento en el que analogías mecánicas y naturales se entretejían y se sublimaba la tecnología, comprendiéndola como ‘una fusión de la naturaleza y el espíritu humano en una nueva clase de creación que trascendiera ambas cosas’.
La filosofía de Foster + Partners se define sustentada en una vocación humanista, que concibe que la arquitectura se genera a partir de las necesidades materiales y espirituales de los individuos, asumiendo la responsabilidad del arquitecto para generar edificios y entornos que reviertan positivamente sobre la calidad de vida de las personas.
El jurado del premio reconoce que en su obra “alcance universal se conjuga la calidad estética, la reflexión intelectual y el diálogo entre territorio y ciudadanía, a través de un original dominio del espacio, la luz y la materia” y destaca la capacidad con que Foster ha sabido anticipar con su arquitectura la idea de una polis al servicio del desarrollo sostenible y de la libertad personal y social.
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