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3/6/09

Guggenheim Bilbao Cai Guo-Qiang: Quiero creer



Cai Guo-Qiang ha socavado las convenciones artísticas de nuestro tiempo, inspirándose, de forma libre, en la mitología antigua, la historia militar, la cosmología taoísta, los avistamientos extraterrestres, las tácticas revolucionarias maoístas, la filosofía budista, la tecnología relacionada con la pólvora, la medicina china y los modernos conflictos globales. El arte de Cai es una forma de energía social en constante transformación, que conecta lo que él denomina “el mundo de lo visible y el de lo invisible”. Esta retrospectiva aborda el espectro completo del arte, proteico y multimedia, de este creador en toda su complejidad conceptual.

Cai, nacido en la localidad china de Quanzou, provincia de Fujian, en 1957, estudió escenografía en el Instituto de Teatro de Shanghai. En los ochenta destacó como miembro del colectivo chino de artistas experimentales que floreció durante el período posterior a la Reforma. Tras trasladarse a Japón en 1986, Cai supo aprovechar el productivo filón del arte y del pensamiento crítico internacional del siglo XX. Durante esta época, llegó a dominar el uso de la pólvora para crear sus característicos dibujos con pólvora y los consiguientes proyectos de explosión al aire libre que acompañaron a dichos dibujos.

Estas prácticas incorporan ciencia y arte en un proceso de destrucción creativa y reflejan la filosofía de Cai, para quien el conflicto y la transformación son condiciones interdependientes de la vida y, por lo tanto, del arte. Intuitivos a la vez que analíticos, sus dibujos con pólvora y los proyectos de explosión son intrépidos, conceptuales, efímeros e interactivos, se realizan en emplazamientos específicos y responden a una duración determinada; es decir, se trata de un arte escenificado con una nueva matriz de significado cultural.

Cai vive en Nueva York desde 1995. A medida que participaba con creciente visibilidad en el sistema global artístico de las bienales, celebraciones públicas y exposiciones en museos por todo el mundo, ha ido ampliado el campo de sus actividades artísticas hasta incluir instalaciones a gran escala. Estas instalaciones, alegóricas y esculturales, a menudo recuperan signos y símbolos de la cultura china y ponen de manifiesto la dialéctica entre la historia local y la globalización.Últimamente los proyectos sociales de Cai involucran a las comunidades locales en la creación de acontecimientos artísticos en emplazamientos remotos que no guardan relación alguna con el arte, como son los búnkeres militares, y revelan la influencia de la utopía socialista que dimana de la experiencia de haber crecido en China en la era de Mao Zedong durante la Revolución Cultural de 1966–76.

La exposición del Museo Guggenheim Bilbao, que el artista ha diseñado como una instalación de ubicación específica, concibe el arte como un proceso que se despliega en el tiempo y en el espacio. La naturaleza de la estructura de las formas artísticas creadas por es inestable y aborda ideas sobre la transformación, el gasto de material y la conectividad. Para todo proceso de cambio, por muy violento que éste sea, está determinado por su idealismo socialista, pues lo concibe como proceso seminal de una creación positiva. Su noción ampliada de la experiencia cultural subvierte tópicos como Oriente versus Occidente, tradicional versus contemporáneo, centro versus periferia, y con ello sugiere un nuevo paradigma cultural para el arte y para esta era globalizada. De ahí la adhesión de Cai a la expresión “Quiero creer”.

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