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23/3/14

El CAC, el Picasso-Málaga, Es Baluard y CAB de Burgos, de aniversario

El CAC, el Picasso-Málaga, Es Baluard y CAB de Burgos, de aniversario

Con la bipolaridad que nos caracteriza, sería fácil escribir un artículo desolador sobre el panorama actual de los centros de arte en España. Lo mismo que hace diez años (esos que ahora cumplen el CAB de Burgos,Es Baluard y el CAC y el Picasso de Málaga), la tentación era ponerse estupendos. Del fluir de la leche y la miel hemos pasado a presupuestos de guerra, el cierre de centros y el nerviosismo de unos políticos que en vacas flacas se olvidan pronto de las buenas prácticas al tratar con los gestores de unas instituciones que a veces vuelven a parecer cortijos en manos del «conseller», «conselleiro» o subsecretario de turno.

Sin embargo, ya en vísperas de la crisis, alla por 2007, proyectos de estudio como «Desacuerdos» o teóricos como Jorge Luis Marzo recordaban los puntos flacos de una hipertrofia de centros nacida de un entusiasmo político de plazos cortos y unas estrategias oficiales que desde antes ya de la Transición tiraban a caciquiles, según el atavismo nacional del «artista cortesano» subvencionado y domesticado.

El diagnóstico de la salud del «Sistema Arte» en España avanza a trompicones y pasa del optimismo confiado a la pena negra sin solución de continuidad. Así que conviene recordar que al desarrollar el Estado de las Autonomías, España pegó un salto cualitativo en la densidad de ese sistema (red comercial de galerías, omnipresencia deARCO, red institucional de museos «pre-» y «post-» «efecto Guggenheim», atención de medios generalistas y floración de publicaciones especializadas, afianzamiento de toda una nueva generación de artistas diplomados, investigadores y teóricos que ya van por los treinta y tantos).


El relumbrón del Guggenheim, y no el prestigio, desató el furorAl morir Franco, las instituciones públicas dedicadas al arte contemporáneo casi ni existían. En cuarenta años, la cosa ha cambiado de forma espectacular. El recelo oficial respecto al circuito internacional se transformó en una actitud mucho más abierta (a veces incluso demasiado, volcada en elmárketing de cara a la galería y descuidada en cuanto al fomento de un sustrato sólido de puertas adentro).
«Yo también quiero uno»

Y la descentralización política conllevó también una descentralización cultural llena de posibilidades: se tejió una red compleja de museos, crítica y periodismo especializado, comisa- rios, centros de arte y exposiciones, centros de formación universitaria y de postgrado, proyectos cooperativos independientes e incluso un mercado privado y público de compradores en expansión, ligado al «fenómeno ARCO», complejo y difícil de analizar: ni cuando las cosas iban bien y se gastaba el dinero público alegremente, ni ahora que la feria y el mercado del arte en España vive momentos malos, afronta un IVA descabellado que ha sido un verdadero torpedo en la línea de flotación y gol en propia meta por parte de unos políticos que ni siquiera son capaces de sacar adelante medidas de compensación como esa Ley de Mecenazgo que dormita en el limbo de los justos desde hace años. Muchos se lanzan como última tabla de salvación a la aventura latinoamericana y la caza del coleccionista extranjero (pieza migratoria y volátil donde las haya).


Nada volverá a ser como antes. Queda por ver la elasticidad de lo construidoPero la inauguración de innumerables centros autonómicos antes de la crisis (y la ampliación de muchos que ya existían) no era, por sí sola, una buena noticia. Como en tantas cosas de este país, se veían ya en el «boom» las raíces del «bang». La variedad y descentralización de propuestas fue un buen objetivo, pero llegaron mediante la clonación local de proyectos cortados por el mismo patrón: apresuramiento, falta de previsión a largo plazo, faraónicos (y publicitados) edificios nuevos cuyo contenido se improvisaba sobre la marcha... Es significativo que fuera el relumbrón del Guggenheim (y no el prestigio ganado a pulso por el primer IVAM o el CGAC) lo que hizo exclamar «yo también quiero uno» a más de un alto cargo autonómico.

El modelo se trasladó en miniatura a los diferentes gobiernos autonómicos, que reprodujeron a su escala local sus peores defectos: se encargaba la construcción de nuevos centros de arte a arquitectos famosos que acaparaban todo el presupuesto y una vez inaugurados con foto se negligía la actuación sostenida, se retiraba el apoyo político necesario y se prodigaban los nombramientos a dedo y los ceses fulminantes; y, sobre todo, se malgastaron años de bonanza descuidando el diálogo con las comunidades y sectores sociales que podrían verse implicadas en el proyecto y a quienes en teoría se destinaba, y que ahora deberían servir de motor de emergencia.
La tajada del pastel mediático

Los gobiernos centrales y autonómicos, de derechas o de izquierdas, coincidieron en el interés por la promoción artística como instrumento de propaganda política. Y claro, el propio efecto espectacular ha tendido a disminuir a medida que la tajada del pastel mediático se reducía al aumentar los comensales deseosos de atraer la atención y el turismo cultural enflaquecido.


Muchos se lanzan a la caza del coleccionista extranjero (pieza volátil)Se ha obtenido así una red de infraestucturas muy visibles y poco flexibles, que no han servido para incentivar el coleccionismo o el interés privado, para generar verdaderos debates o servir como plataforma de reflexión y encuentro; para facilitar la formación de artistas o teóricos o apoyar su producción. Ahora que los presupuestos son de crisis, se empieza a notar la falta de un contexto receptivo en ciudades donde abrieron y el desperdicio de unos años claves para sensibilizar el patrocinio privado en cada centro.

Nos encontramos con un panorama agridulce. Nadie sin intereses directos en la cosa echará mucho en falta las políticas centrales de promoción del arte español en el exterior, que fueron erráticas o imprevisibles, y muchos centros privados y publicos, cada uno en su escala, como La Casa Encendida, el CAAC y el propio Reina Sofía, muestran que es posible lidiar con presupuestos de políticos nerviosos, buscar patrocinios y hacer encajes de bolillos para proporcionar una programación interesante. Las cosas, ya nos vamos haciendo a la idea, no volverán a ser como fueron, y ahora queda por ver la elasticidad y capacidad de adaptación de lo ya construido: ojalá que esta vez sin ciclotimias.

Fuente ABC Cultural
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