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10/1/10

Autorretrato de Carabaggio en una jarra de vino.

Una jarra de vino encierra el retrato del maestro de tenebrismo, Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio. El rostro del pintor que aparece en el cuadro de «Baco», expuesto en los Uffizi de Florencia, fue presentado ayer con ocasión de la publicación del volumen «Nuevos descubrimientos sobre Caravaggio», realizado por el Comité Nacional para las celebraciones en 2010 del cuarto centenario de la muerte del pintor italiano. Desde hace tiempo se especulaba con la idea de que esa silueta con grandes órbitas oculares y labios carnosos que aparecía en la jarra de vino de «Baco» fuera la del propio Caravaggio, pero sólo ahora se ha tenido la certeza tras los análisis realizados por los expertos italianos.

«Gracias a los rayos infrarrojos, hemos podido ver la silueta de una persona en posición erguida con un brazo en el que parece tener en mano un pincel», explicó a los medios de comunicación la profesora Roberta Lapucci, confirmando que se trata de la imagen del joven Caravaggio, que tendría unos 27 años en el momento de ejecución de la obra. Hasta ahora el perfil del autorretrato había permanecido oculto a causa de un barniz que cubre todas las áreas oscuras de la tela, y que fue aplicado durante una antigua restauración.

Este autorretrato de Caravaggio podría ser el primero demostrado científicamente, ya que algunos expertos consideran que el genio del Barroco se autorretrató en algunas obras como «El entierro de Santa Lucía», o que él mismo era la cabeza de Goliat. Sin duda alguna, las celebraciones el próximo año del cuarto aniversario de la muerte de Caravaggio supondrán una ocasión para analizar ésta y otras obras polémicas y emblemáticas del pintor, como explica el Comité creado para estas celebraciones: «Durante 2010 se realizarán iniciativas de reflexión y debate sobre su obra basadas en sólidos principios metodológicos, sin olvidar las exigencias de una correcta divulgación dirigida al gran público».

ANALISIS DE LA OBRA:

La pintura representa a un joven dios Baco, reclinado a la manera clásica con uvas y hojas de parra en el pelo, manoseando el cordel de la floja toga que le cubre. Sobre una mesa de piedra enfrente de él hay un bol de fruta y una jarra grande de cristal con vino tinto; con su mano izquierda ofrece al espectador un cáliz o copa de vino llana y ancha, aparentemente invitando al espectador a unirse a él.

El vino se ha servido hace poco, como indican la espumilla en la jarra, mientras que Baco sostiene en la mano el cáliz con poca seguridad como muestran las vibraciones; las mejillas, como las manos, están sonrojadas y contrastan con la palidez de la piel, indicando un estado de ligera ebriedad.

Maurizio Calvesi ha propuesto que se interprete éste y los otros cuadros de género alegórico-mitológico como las verdaderas y auténticas «Metamorfosis poéticas del tema sagrado», de acuerdo con la contemporánea concepción esotérico-religiosa. En este cuadro, la androginia del sujeto debe entenderse como unión de los contrarios y por lo tanto armonía, propia de lo divino, mientras que Baco, Dios muerto y resucitado, preanuncia simbólicamente la venida y el sacrificio de Cristo, que ofrece el cáliz de la salvación, como Baco que aquí ofrece el cáliz.

aludiendo a la costumbre de pintar delante de una imagen reflejada en el espejo, motivo por el cual Baco tiene la copa en la mano izquierda, a pesar del obvio esfuerzo que le supone al modelo.

El uso de un espejo para ayudar al pintor mientras trabaja del natural elimina la necesidad de dibujo. De esta manera, lo que parece la mano izquierda del chico sería en realidad la derecha. El artista inglés David Hockney hizo de los métodos de trabajo de Caravaggio un rasgo central de su tesis (conocida como la tesis Hockney-Falco) que los artistas delRenacimiento y posteriores usaron alguna clase de cámara lúcida.

Debido a la sensual poesía de la realista pintura de Caravaggio, sería desacertado pensar en una caricatura o disfraz.1 No obstante, aunque no fuera esa la pretensión de Caravaggio, hay humor en esta pintura. El Baco sonrojado es un retrato adecuado de un adolescente medio borracho vestido con una sábana y apoyándose en un colchón en el palacio romano del cardenal, pero resulta menos convincente como dios grecorromano. No es Baco, sino un individuo ordinario disfrazado de Baco, el que mira al espectador, tedioso y despierto1 Las ondas en la superficie de su vino son mala señal: no será capaz de mantener la pose durante mucho más tiempo, y más vale que el artista se dé prisa y acabe de pintar la mano izquierda.

Caravaggio trata temas tradicionales, tanto sacros como profanos, pero no de la manera habitual en el Alto Renacimiento y el Manierismo, sino trivializándolos: una deidad pagana se ha transformado en un calavera equívoco, afeminado y de uñas sucias.1

La fruta y la jarra han llamado más la atención de los expertos que el propio Baco. La fruta, porque la mayor parte de las piezas son incomibles lo que, según los críticos más serios, simboliza la fugacidad de las cosas mundanas. La jarra, porque después de limpiarse la pintura, apareció en el vidrio un pequeño retrato del artista trabajando en su caballete.

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