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19/8/13

De como W.R. Hearst arrasó con el patrimonio español.

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Quizás muchos desconozcan hoy el coleccionismo compulsivo del que hacía gala el todopoderoso empresario de la comunicación William Randolph Hearst (1863, San Francisco-1951, Beverly Hills). Tampoco lo ligado que estuvo a la historia, y la desgracia, del patrimonio artístico español.


El magnate, fuente de inspiración para Orson Welles en su mítica película Ciudadano Kane, fue el mayor comprador de arte español de su tiempo y, a través de turbias maniobras, no dudó en vulnerar todo tipo de obstáculos legales a fin de satisfacer su insaciable apetito coleccionista.

Hearst, a golpe de talonario, contó con cooperadores en todos los estamentos sociales de la miserable España de la época, desde modestos operarios, hasta dignísimos intelectuales, clérigos y políticos, quienes, por su condición, estaban más obligados a la defensa del legado artístico.

Tragedia nacional


Las piedras del monasterio de Sacramenia (Segovia), a su llegada a Florida, en 1953.

A su lado estuvieron Arthur Byne y su esposa, Mildred Stapley; cultos, ricos y bien posicionados socialmente, ellos fueron sus principales agentes en España y protagonistas fundamentales del negocio clandestino de venta y exportación de tesoros artísticos del país. Autores de importantes estudios sobre arte, mobiliario y arquitectura españoles, los Byne utilizaron dichas publicaciones como catálogos de las piezas que ofrecían a museos y coleccionistas estadonidenses.

Toda esta tragedia para el patrimonio español ocurrida entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX queda bien reflejada en una obra imprescindible, La destrucción del patrimonio artístico español. W.R. Hearst: “el gran acaparador” (Cátedra, 2012), un libro de Mª José Martínez Ruiz y José Miguel Merino Cáceres que cita pormenorizadamente todas esas actividades de dudosa legalidad que acabarían causando un daño irreparable al patrimonio español.

El resultado es un estremecedor catálogo de piezas artísticas, de diversa naturaleza, que fueron perdidas la mayor parte de las veces en dolorosas circunstancias y hoy se encuentran desperdigadas (si no perdidas) en colecciones de todo el mundo, principalmente en Estados Unidos.


Coloquio en el programa Para Todos La 2 en el que participaron los autores de la obra: María José Martínez Ruiz, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid; y José Miguel Merino de Cáceres, catedrático de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid.


Ejemplos del expolio

El claustro del Monasterio de Santa Marina la Real de Sacramenia (Segovia): el claustro, la sala capitular y refectorio del conjunto fue vendido en 1925 a Hearst, que desmontó todo y lo trasladó en 11.000 cajones a Estados Unidos. Permanecieron en un almacen hasta que fueron vendidos en 1952. Más tarde, en 1964, se reconstruyeron las salas en Miami y se completó el conjunto con piezas de otros edificios.
La cartuja de Miraflores de Burgos: en 1927 se subastaron en Nueva York 447 de sus más preciadas piezas, de las que Hearst compró un buen número de ellas. Otras terminaron en colecciones particulares y museos.
Iglesia de San Vicente de Frías: su portada, comprada también por Hearst, se exhibe hoy en el Museo de los Claustros de Nueva York.
En 1929 se firma la venta, entre el cabildo y el intermediario del millonario, de la reja del siglo XVIII que cerraba el coro de la catedral de Valladolid. El precio: una peseta y quince céntimos el kilo. Por el mismo precio el comprador se llevó dos púlpitos de lectura del antiguo presbiterio, una “colección de hierros sueltos e inservibles” y el zócalo de piedra en el que se encontraba la reja. Todo por “la cantidad alzada de quinientas pesetas”. Hoy divide uno de los espacios del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.


Mª José Martínez Ruiz, José Miguel Merino Cáceres
Cátedra
704 p
32,50 euros

Fuente hoyesarte.






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