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24/2/14

Lynne Cohen, espacios interiores

Lynne Cohen. Laboratory, 1999. Copia cromogénica. 141×171,5cm. © Lynne Cohen, Cortesía Olga Korper Gallery, Toronto

Fotografía
Del 19 febrero al 11 de mayo 2014
Madrid, Fundación Mapfre Madrid – Sala Azca


La Fundación Mapfre presenta en su sala de exposiciones AZCA (Madrid) una exposición retrospectiva dedicada a la fotógrafa canadiense Lynne Cohen (Racine, Wisconsin, EE.UU., 1944), quien ha desarrollado a lo largo de su vida uno de los trabajos más radicales y coherentes sobre los espacios interiores e íntimos.

Esta muestra presenta, por primera vez en España, el trabajo realizado por la artista a lo largo de las últimas cinco décadas. Comisariada por Nuria Enguita Mayo, reúne 86 fotografías ordenadas de forma cronológica.

El relato va cambiando sutilmente: desde su interés en los años 70 por la cultura popular americana, a través de interiores domésticos o públicos, hasta los lugares de entrenamiento y laboratorios de ingeniería social que la artista fotografía en las décadas de los años 80 y 90. En la actualidad, sus intereses han continuado en la línea de las décadas anteriores, aunque ampliando a una nueva tipología, la de los spas, donde, de forma similar a los laboratorios, los cuerpos biológicos son también transformados en cuerpos controlados políticamente.



Lo más neutra posible

La carrera Lynne Cohen se inicia en 1971, cuando comienza a realizar imágenes interiores en blanco y negro. Ya en sus primeros trabajos busca una imagen directa, anónima y lo más neutra posible. A lo largo de toda su trayectoria, sus obras conservan elementos básicos que son propios de su estilo. Todos tienen una cierta impresión de anonimato y neutralidad y resultan en cierta medida amenazantes, pero contienen una importante carga irónica y crítica, propia de la artista. Estas características son llevadas a una nueva dimensión en el momento en que empieza a hacer uso del color.

En los años 70, su interés se centra en el artificio psicológico y sociológico en el que vivía la clase media americana en auge, y por ello, sus fotografías se centran en los espacios domésticos, salas de estar, oficinas, salas de reuniones, clubes de hombres y salones de belleza.

En la década de 1980 da un paso más y se interesa por los mecanismos de control y manipulación de la sociedad y así comienza a dirigir su objetivo hacia instituciones más autoritarias, como laboratorios, centros de formación, aulas y campos de tiro. En los 90 empieza a fotografiar fábricas y balnearios y a partir del año 2000, sin cambiar el tipo de espacios que retrata, se lanza a utilizar el color en sus obras.
Tal y como los encuentra

Los interiores de Lynne Cohen son espacios en pleno uso y los fotografía tal y como los encuentra. No modifica nada por lo que, aunque los espacios realmente existen, se podría tener la impresión de estar viendo una puesta en escena. La gran escala de sus fotografías invita al espectador a entrar en la imagen, escudriñarla y sacar su propia interpretación de la misma. En ninguna de ellas aparecen personas; la artista dice que no sabría dónde colocarlas, sin embargo sus fotografías están llenas de una persistente presencia humana.

Cohen trabaja con una cámara de 8×10 pulgadas, que le permite, tal y como ella misma afirma, dominar el plano de la lente y el de la película, lo que le facilita tener un control absoluto sobre la imagen, cuidar la composición y producir obras de gran nitidez y claridad.

En sus imágenes, la fotógrafa utiliza una luz plana, apuesta por la simetría y el distanciamiento del objeto. Asimismo, trabaja con una película sensible, con exposiciones largas y con una abertura de diafragma pequeña, lo que le permite obtener una gran profundidad de campo, de lo que se desprende que la artista da la misma importancia a todos los detalles. Con los años, sus obras han ido tendiendo a la monumentalidad, a lo escultórico, efecto acentuado por elección de marcos de diversos materiales salpicados de colores, que mimetizan las texturas de algunos elementos de la fotografía.
Alrededor de Lynne Cohen

La exposición Lynne Cohen, que posteriormente viajará a Córdoba y Bilbao, se completa con un catálogo que reproduce la totalidad de las obras que forman parte de la muestra, acompañadas de los textos de Nuria Enguita, Jordi Costa y Antonella Pelizzari.

Por otro lado, la Fundación Mapfre ha preparado un programa completo para los más pequeños, que podrán acudir con sus familias o con el colegio. Los talleres de fotografía que se han preparado son para niños de 6 a 12 años, Lynne Cohen: espacios des-ocupados, y de 12 a 16, Lynne Cohen: relatos ocultos. Con ellos se pretende acercar la fotografía a los niños y la figura de la fotógrafa canadiense.




Preocupada por las estrategias formales


El recorrido de la exposición permite reconocer cómo desde sus inicios la artista ha utilizado las mismas estrategias formales basadas en la neutralidad.

Sus fotografías se construyen en la simetría, con una amplia profundidad de campo que no jerarquiza los espacios ni los detalles. Es precisamente ese falso anonimato, esa descripción aparentemente neutra -similar al de las imágenes de las postales o a los informes anuales de ciertas empresas- lo que despliega una gran potencia irónica y crítica en sus imágenes que, literalmente, “hablan por sí mismas”.

La evolución del trabajo de Cohen a lo largo de estos cuarenta años es muy sutil y debemos buscarlo en el interior de la artista, en su práctica fotográfica. Así reconocemos una suave evolución que va del blanco y negro al color y de un encuadre más cercano a los objetos a uno más duro. Asimismo encontramos en sus imágenes una clara referencia a la sociedad del control y de la vigilancia. Su obra se convierte en un testimonio fundamental para entender la complejidad actual de ciertos entornos construidos, de una arquitectura muchas veces cotidiana pero que domina nuestros hábitos y nuestras relaciones.

Cohen ha situado su trabajo entre Jacques Tati y Michel Foucault. Ahondar en ese desplazamiento es lo que pretende mostrar esta exposición: desde una crítica irónica de la modernidad a una aproximación lúcida y comprometida de una contemporaneidad basada en el control absoluto de los cuerpos y de sus acciones.

“He estado preocupada por las estrategias formales al menos desde 1971 -explica la propia artista-, cuando empecé a hacer fotografías. Me pareció entonces, como ahora, que mediante el empleo de recursos formales, de un modo sencillo podría tratar temas complicados, que se podrían introducir en el espectador de forma subliminal en lugar de golpearlos con un impacto súbito. Más concretamente parece que el más silencioso, más sobrio, incluso anónimo aspecto de mis fotos podría ser el más convincente. De hecho me llamó la atención cómo que el más simple de los medios de recuperar o documentar una parte del mundo podría ser la mejor posibilidad de que la quintaesencia del sujeto saliese a la superficie (asumiendo que existe una)”.
Fuente hoyesarte
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